Andrea Morina

Tratamientos

neurodivergencia

Con el término “neurodivergencia” se hace referencia a un conjunto de condiciones caracterizadas por formas de funcionamiento cognitivo, emocional y sensorial diferentes a las de la mayoría de la población. Algunos ejemplos son el TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad), las Altas Capacidades, el Trastorno del Espectro Autista, la dislexia, entre otros.

No es infrecuente que una persona adulta presente una o varias características neurodivergentes sin haber recibido un diagnóstico previo. Muchas personas han crecido sintiéndose “diferentes” o con la sensación de no encajar, normalizando ese malestar o atribuyéndolo a rasgos de personalidad. Con frecuencia, esta vivencia puede convertirse en una fuente significativa de sufrimiento, dificultades en la autoestima o en las relaciones.

Desde el paradigma de la neurodiversidad, la evaluación no se centra únicamente en identificar un diagnóstico, sino en comprender el perfil individual de funcionamiento, los recursos, las necesidades y el contexto de cada persona. En este sentido, explorar la posibilidad de una condición neurodivergente y acompañar el proceso de descubrimiento, aceptación e integración constituye una parte importante del trabajo terapéutico.

En el caso del TDAH, es posible realizar en consulta todo el proceso de evaluación, diagnóstico y tratamiento. En otras condiciones, tras una primera fase de valoración clínica, puede ser necesaria una derivación para completar un diagnóstico formal mediante pruebas específicas.

Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH)

El TDAH es una condición que suele implicar, en mayor o menor medida, dificultades en la atención y la concentración, en la organización y la planificación, así como una tendencia a los despistes y olvidos. También pueden aparecer inquietud interna, dificultad para detener la actividad mental o relajarse, impaciencia, impulsividad en distintos ámbitos de la vida y, con frecuencia, cierta dificultad para regular las propias emociones.

Estos rasgos pueden presentarse de forma aislada en muchas personas sin que exista un trastorno. Sin embargo, en el TDAH suelen ser más numerosos, persistentes en el tiempo y con un impacto significativo en el funcionamiento cotidiano.

Actualmente sabemos que muchos adultos han desarrollado estrategias compensatorias a lo largo de su vida, lo que puede hacer que no presenten los síntomas “típicos” o más visibles. En estos casos, es relativamente frecuente que el motivo de consulta sea la ansiedad, el bajo estado de ánimo o la sensación de sobrecarga mental sostenida, como consecuencia del esfuerzo constante por adaptarse. Por ello, una evaluación cuidadosa y un diagnóstico adecuado pueden ser fundamentales para comprender el origen del malestar y orientar un tratamiento más ajustado y eficaz.

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